CAPITALISMO

      Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

      DE GÉNERO

      Iñaki Gil de San Vicente


      2.- BENEFICIOS MASCULINOS DE LA OPRESION DE GENERO:

      Nos hemos preguntado antes sobre qué tiene de particular la mujer para que, a partir de un determinado momento histórico, que varía según factores que no podemos analizar aquí, el hombre en general obtiene determinados beneficios mediante la sojuzgación de la mujer como género. Responder a esta pregunta es el primer paso para entender lo que sigue porque la fuerza del patriarcado tal como se ejercita en la sociedad capitalista contemporánea, radica, antes que nada y sin olvidar otros factores, en la invisibilización de la opresión femenina, que no sólo en su negación. Negar esa opresión es la respuesta a una pregunta anterior que puede hacerse una mujer o muchas, y también algún hombre, pero lo más conveniente para el sistema patriarco-burgués es borrar todo rastro de opresión, crear una ficción de igualdad de derechos dentro de la "diferencia natural" que separa a los géneros, de modo que nadie, y menos las mujeres, duden siquiera de la situación y la vivan como lógica, normal y natural. Sólo se niega algo cuando se ha afirmado lo contrario o se ha puesto en duda su racionalidad.

      2-1).- UNA OPRESION OCULTADA E INVISIBLE:

      Ocultar la opresión en general, que no sólo la patriarcal, se logra de muchas formas, y en la economía política burguesa, mediante la inexistencia interesada de términos teóricos, conceptos explicativos, planes de investigación especiales, estadísticas específicas, desglose de estadísticas comunes, creación de comités especializados de estudio de esas problemáticas, etc., pero lo fundamental es que ese rechazo no sólo proviene del retraso y/o de la negativa explícita a investigar, sino también y sobre todo, de un lado, de la propia característica del pensamiento humano que en la inmensa mayoría de los problemas va por detrás de la evolución real de la vida, es decir, de la tendencia de lo subjetivo a ir por detrás de lo objetivo, constante que se demuestra en los problemas de toda ciencia o pensamiento para usar el lenguaje establecido y que resulta viejo y obsoleto para estudiar y expresar lo nuevo, los problemas novedosos que desbordan las viejas palabras y teorías; y de otro lado, del interés consciente y subconsciente del pensamiento opresor para no permitir que el/la oprimid@ aprenda a pensar por su cuenta y este interés es especialmente fuerte en el egoísmo patriarcal. Así se comprende que en la contabilidad económica apenas haya recursos teóricos ni métodos contables adecuados para calibrar el volumen de trabajo que realmente se realiza en una sociedad, y se prefiere recurrir a métodos indirectos y parciales para elaborar un sistema contable que además de ser un medio de definición de la realidad según los intereses del capitalismo, excluyendo de la contabilidad lo que no interesa y remarcando lo que sí interesa, también es un instrumento de legitimación del poder patriarco-burgués.

      Este segundo factor es especialmente dañino y represor en las llamadas "ciencias sociales", en donde los interesas dominantes controlan y vigilan el funcionamiento de universidades, instituciones y entidades que subvencionan muchos estudios, también de las editoras y de los medios de comunicación que publican o condenan al ostracismo esas investigaciones según su contenido, etc., de modo que existe una dogmática oficial con sus correspondientes guardianes del saber dirigen la producción teórica hacia los fines deseados por las clases dominantes. La muy pequeña participación de las mujeres en estas instituciones del saber oficial dificulta aún más las posibilidades de estudios críticos, pero no son las únicas dificultades porque otras surgen de la misma concepción patriarcal de estas "ciencias sociales". Por ejemplo, en la sociología burguesa, la situación de la mujer sólo empieza a ser estudiada con cierta sistematicidad a partir de los años sesenta -anteriormente había habido estudios aislados- y como respuesta urgente al aumento de las luchas feministas y al propio desprestigios creciente de la escuela funcionalista, la entonces dominante en la sociología burguesa.

      En la opresión patriarco-burguesa ese sistema de ocultación e invisibilización es especialmente efectivo porque moviliza los intereses conscientes o inconscientes, directo o indirectos de la inmensa mayoría de los hombres y, desgraciadamente, de bastantes mujeres. Cuando el Banco Mundial no tiene más remedio que reconocer que puede haber "datos insuficientes" sobre la situación de la mujer, y que no lleguen a "identificarse" determinados efectos negativos de las medidas de choque propuestas, reconoce que el saber oficial no tiene en cuenta la situación de la mujer. La pretensión del Banco Mundial de "ayudar" a las instituciones y a los gobiernos para que realicen esos estudios es tanto como meter el zorro en el gallinero. La concluyente experiencia confirma que no son las instituciones gubernamentales las que sacan a la luz pública la verdadera situación de las mujeres sino los colectivos concienciados, los grupos de mujeres luchan por su emancipación. Su acción y su presión obligan a esos poderes y al propio Banco Mundial a ir por detrás. Pero el interés del Banco Mundial por elaborar sus propias cifras también surge del interés del capitalismo por intensificar y perfeccionar la explotación de las mujeres en todo el planeta.

      Teniendo en cuenta las dificultades vistas nos atrevemos a proponer una lista de algunos beneficios que los hombres extraemos de la explotación de las mujeres. El orden de exposición no es aleatorio porque si bien existentes diferencias de apreciación según las sociedades y sus formas productivas, sus culturas, sus componentes clasistas, etc., siendo esto cierto también lo es que por debajo de esas diferencias existe una experiencia práctica acumulada durante generaciones de poder patriarcal que nos remite al problema crucial del control del tiempo, del cuerpo y de la personalidad entera de la mujer por el hombre. Es cierto que según las circunstancias ese control se manifestará de una forma u otra, pero, en líneas generales y a largo plazo, lo que explica en última instancia ese orden es el beneficio material y simbólico que el hombre obtiene con la explotación de la mujer, o si se quiere, el plustrabajo material que extraer y los beneficios sexuales, afectivos, culturales, simbólicos, psicológicos, etc., que se derivan de ese plustrabajo que es expropiado a la mujer y hecho propiedad del hombre. Tal plustrabajo se materializa siempre en un excedente físico, sexual, cultural, etc., del que se apropia el hombre y aunque recurra a diferentes justificaciones o incluso valore ciertas cosas más que otras según el desarrollo de las fuerzas productivas y las consiguientes necesidades para su reproducción, aún así, la dinámica de fondo sigue siendo esencialmente la misma.


      2-2).- Siete grandes beneficios masculinos.

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